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    [+18] Masaje à trois.

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    [+18] Masaje à trois.

    Mensaje por Invitado el Dom Nov 27, 2016 11:06 am

    EL TÍTULO ES TOTALMENTE PROVISIONAL. (?)

    Género: Yaoi / Hetero.

    Advertencias: Trío. 

    Clasificación: +18.

    Serie: Kuroko no Basuke.

    Personajes: Hyuuga Junpei, Kiyoshi Teppei, Aida Riko.

    Tipo de obra: Short fic (tres capítulos)

    Estado: En emisión. (Semanal, capítulo nuevo cada domingo).

    Comentarios del autor: No hay mucho que comentar al respecto xD.

    Aclaraciones de la historia: No es ni completamente yaoi, ni completamente hetero. Si esta "cosa" tiene un nombre háganmelo saber por favor. xD

    Sinopsis breve: Kiyoshi y Riko se reúnen en casa de Hyuuga para repasar algunas materias. Con lo que no contaban ninguno de los tres es que su interés en los estudios iba a verse eclipsado por algo mucho más atrayente. Y confuso, sobre todo, confuso. ¿Por qué renunciar a algo cuando puedes tenerlo todo?



    Hyuga Riko: Teppei



    En un lado del kotatsu, Kiyoshi sonreía con su bobalicona expresión de siempre. En otro, Riko suspiraba de cansancio apoyando su cabeza en una mano, aparentemente derrotada. Por último, entre ambos, Hyuuga rabiaba porque, para él, las matrices eran un invento del demonio.

    -   Hyuuga-kun… te digo que no es tan complicado de entender… Sólo tienes que….
    -   ¡Que me lo repitas mil veces no hará que lo entienda, Riko! ¿Has probado a explicármelo de otro modo?
    -   Creo que ésta es la quinta, Hyuuga-kun… - murmuró con hastío.
    -   Vamos, vamos, ¡lo importante es divertirse! – dijo Kiyoshi en un tono cordial.
    Tanto Hyuuga como Riko le miraron fijamente. Ella con una expresión que parecía decir ¿En serio, Teppei?, él con una cara de Si fuera un asesino en serie tú serías mi próxima víctima. Kiyoshi se limitó a sonreír tal y como venía haciendo las últimas tres interminables horas que llevaban ahí encerrados.

    ¿Cómo habían terminado ahí?

    -Flashback-

          Todos corrían hacia las aulas de los de primer año con el corazón en un puño. Si el idiota de Kagami no conseguía estar entre los doscientos primeros de la escuela, iba a necesitar asistir a unas clases de refuerzo que coincidían con el campeonato de la Inter High por lo que las posibilidades de victoria de Seirin mermarían bastante.
          
           Sin embargo, todos pudieron respirar cuando vieron que Kagami no sólo no estaba entre los cien últimos sino que, además, se encontraba entre los cien primeros, con una puntuación de 90. ¿He dicho «todos»? Perdón, no. Todos no.

    -   Hyuuga- kun ¿qué pasa?… ¿Eh, no me digas que estás llorando? – preguntó Riko realmente sorprendida.
    -   Y pensar… pensar que perdería contra Kagami… ¡No es que sea un idiota ni nada parecido!

    - Fin Flashback-

          Así que tras mucho mucho mucho insistir, Riko había accedido a ayudar a Hyuuga con sus exámenes, ya que de ningún modo él iba a quedar por debajo de Kagami, y dado que la entrenadora era la número dos de la escuela, era su mejor opción. En cuanto a Kiyoshi, tras estar tanto tiempo alejado de las aulas por su lesión simplemente quería ponerse al día. Así que ahí estaban los tres, en el comedor de casa del capitán. Kiyoshi tratando de verle el lado positivo a todo, Riko deseando matar a su capitán y Hyuuga a punto de morir por el sobreesfuerzo intelectual.

    -   ¡Ya no puedo más! – gritó Hyuuga de pronto, poniéndose en pie - ¡Va a estallarme la cabeza con las malditas matemáticas! – se dirigió con paso decidido, malhumorado y refunfuñando hacia la entrada donde comenzó a calzarse – Voy por algo de comer al conbini, así me da el aire un poco – iba a girarse hacia la puerta cuando, señaló a Kiyoshi y gritó - ¡Y tú deja de sonreír así, Tesshin!
    -   Vamos, vamos, Hyuuga… no me llames así, hombre – dijo avergonzado, levantando las manos sobre su pecho. Pero Hyuuga no le escuchó, pues se marchó de su casa dando un portazo mientras canturreaba:
    -   Tesshin, Tesshin, Tesshin
    -   Tsk… ¡Los que me llaman así son los que tiene el corazón de hierro!
    -   Déjalo, Teppei… ya no te escucha – murmuró Riko medio tirada sobre el kotatsu. – Ya sabes cómo es Hyuuga-kun cuando algo no le sale bien.
          Kiyoshi emitió una mezcla entre un bufido y un quejido a modo de afirmación. Pero, para su entrenadora no pasó desapercibido el gesto de molestia que hizo al mismo tiempo.
    -   Teppei… ¿te encuentras bien? ¿La rodilla, otra vez?
    -   No, no, no es nada Riko – dijo con su sonrisa de siempre, que volvió a su rostro en menos de un segundo – Es sólo que no estoy acostumbrado a los kotatsus y me duele algo la espalda por la postura.
    -   Tsk…. Haberlo dicho antes, baka. Vamos, camiseta fuera – ordenó sin dejarle opción a Kiyoshi, mientras se recogía el pelo – Túmbate bocabajo.
    -   De verdad, Riko, no es necesario… - aún recordaba los gritos que pegó en aquella enfermería, cuando Riko le “relajó” los músculos sobreesforzados… por decirlo suavemente.
    -   Teppei… no te lo estoy sugiriendo… Así que, sin camiseta y bocabajo. Ya.
             No es como si Kiyoshi tuviera muchas opciones, así que obedeció a su entrenadora y, despojándose de la parte de arriba de su ropa se tumbó sobre la mullida superficie en la que se encontraba sentado sólo unos segundos atrás. Cruzó los brazos y hundió su cara entre ellos, rogando a los dioses por que Riko fuera algo más cuidadosa esta vez.
    -   No te excedas mucho esta vez, Riko… ahora no tengo que seguir jugando… - murmuró entre sus brazos, esperando que su cuidadosa entrenadora le escuchara… y le hiciera caso.
    -   Sí, sí, Teppei… - dijo sentándose a horcajadas en la parte baja de su espalda. Maldijo internamente por no tener algún aceite de calor o algo de eso con ella, pero estaban en casa de Hyuuga y no en la suya, así que anotó mentalmente que debía llevar uno con ella en su bolso de forma habitual. 

    Acomodándose mejor llevó sus manos a la parte superior de la espalda de Kiyoshi, subiendo hasta los hombros y aplicando presión con los pulgares en la columna en aquellas zonas en las que ella notaba que sus músculos estaban más tensos y cargados. Kiyoshi gimió casi de dolor al sentir los dedos de su entrenadora, pero era algo con lo que ya contaba. Gemir y gritar eran cosas muy diferentes. Continuó bajando por la espalda, desentumeciendo cada músculo que tocaba, aliviando las molestias de Kiyoshi.
          
           Kiyoshi, por su parte, se sentía totalmente relajado. A pesar de que, en ocasiones, Riko le aplicaba tanta presión que dolía, el resultado no era otro que una relajación muscular evidente. Quizá por eso, y porque estaba ya acostumbrado a tener una relación más cercana con ella que la mayoría de los chicos del equipo, a excepción quizá del propio Hyuuga, su mente prefirió olvidar el hecho de que estaba medio desnudo, a solas con una chica, la cual estaba sentada encima de su maldito trasero, y aplicándole un masaje francamente relajante.
     


                Hyuuga se encontraba en el conbini de su barrio, haciendo algunas compras. Sus padres habían aprovechado que tenían varios días festivos y habían salido de viaje a visitar a unos familiares, razón por la cual Kiyoshi y Riko estaban en su casa y no habían ido a la de la entrenadora, como tenían por costumbre. Eso significaba, entre otras cosas, que iba a tener que soportar su compañía durante, al menos un par de días más, noches incluidas. Suspiró mientras pagaba los bentos que había comprado. Ni por asomo se iba a arriesgar a que Riko entrase en su cocina. Además de los bentos llevaba unas cuantas sodas para acompañar.
                
                 De vuelta a su casa, comenzó a pensar en la situación en la que él sólo se había metido. No es que le incomodasen, después de todo eran sus amigos… ¿no? La relación con Kiyoshi siempre fue extraña. Desde el primer día, había ido tras él como un perro faldero casi rogándole que se uniera al equipo. Y no importaba el número de negativas de Hyuuga o lo desagradable que pudiera llegar a ser con él. Kiyoshi siempre le sonreía y siempre parecía estar de buen humor con él. No es que le incomodara o que no le cayera bien, pero una persona que se pasa el día entero sonriendo y que cuya última meta es llevarse bien con todo el mundo era algo francamente extraño. Kiyoshi le caía bien… pero sus personalidades chocaban tanto que a veces era inevitable que acabasen discutiendo, por muy difícil que fuera discutir con el siete de Seirin. Aunque, por algún motivo que desconocía, ambos siempre pasaban más tiempo juntos que con el resto de compañeros. Y estaba bastante seguro de que no tenía nada que ver con lo que ellos (como capitán y fundador del equipo respectivamente) implicaban para el baloncesto de Seirin.
                
                 Por otro lado estaba Riko. Era su amiga y su entrenadora. Tenía una confianza plena en ella (siempre que no se tratase de comer algo que hubiera cocinado) y era bastante consciente de que sentía una cariño especial por ella. Pero, ¿qué tipo de cariño? Su mente se negaba a aceptar nada que tuviera que ver con el romanticismo. Quizá era porque Riko era la única chica con la que había hablado durante el instituto. O quizá por el hecho de que era su entrenadora. Pero también era consciente de que no le hacía ninguna gracia que la muchacha llamase al odioso de Kiyoshi por su nombre de pila. Cada «Teppei» que escuchaba de sus labios venía acompañado de un «Hyuuga-kun», honorífico incluido. Y aquello, por algún motivo no le hacía mucha gracia.
                
                 Ahora que lo pensaba, Kiyoshi también le llamaba a ella por su nombre de pila. Él sólo se atrevía a llamarla entrenadora, salvo contadas excepciones. ¿Por qué entre ellos era distinto? Se llamaban por el nombre de pila pero ninguno, jamás, bajo ninguna circunstancia se había dirigido a él simplemente como Junpei.
                 
                No, sí que hubo una excepción. Cuando, antes de la final de la Winter Cup, Hyuuga le había cortado el pelo a Riko, ella le había llamado así. Junpei. Sólo recordarlo le hizo estremecerse. Y se crispó al darse cuenta de que nada tenía que ver con el tiempo que estaba haciendo. Estaba tan confuso que, de haber sido un pokémon se habría herido a sí mismo. Él sabía que, ni Riko ni Kiyoshi le eran indiferentes, pero eso no le hacía sentirse mejor. Es decir, era normal que un chico de su edad, en plena adolescencia, se sintiera confuso respecto a las mujeres. O, en este caso, respecto a una mujer en concreto. Pero, que se sintiera casi igual de confuso respecto a Kiyoshi era algo que, simplemente, no podía manejar.
                
              Sin embargo pensar en ello casi tanto como lo había estado haciendo las últimas horas con las dichosas matemáticas no era algo que le solucionara la papeleta. De modo, que decidió que lo mejor sería no pensar en eso y rezar porque todo se solucionara solo.
             
                Como si eso fuera a pasar.
     



                Entró a su casa y se descalzó, antes de hacer cualquier otra cosa. Con un suspiro y, apartando toda esa manera de absurdos y estúpidos e inútiles pensamientos, entró al salón. Pero lo que vio le dejó de piedra. Tanto, que la bolsa con los bentos y las sodas acabó estrellada en el suelo. Si no fuera porque la tenía fuertemente anclada a su cabeza, su mandíbula inferior la hubiera acompañado.

             - ¿Qué narices está ocurriendo aquí? – gritó, mirando absolutamente sorprendido a Riko y Kiyoshi. Ambos giraron la cabeza para mirarle, asustados por el grito.
             - Hyuuga-kun… - empezó Riko que, sin saber por qué se había sonrojado – No sucede nada, Teppei simplemente estaba algo tenso y me ofrecí a darle un masaje. Soy su entrenadora, después de todo. – Kiyoshi prefirió mantener silencio. Riko podía controlar a Hyuuga más o menos bien pero sabía que si él abría la boca, su capitán montaría en cólera con mucha, mucha facilidad.
            - ¡Bueno también eres mi entrenadora! – Ese posesivo salió de sus labios… demasiado posesivo. Y eso pareció escapar de los oídos de Riko, pero no de los de Kiyoshi. Podría ser algo bobo, en el buen sentido. Pero Kiyoshi no era estúpido.
            - ¿Qué quieres decir, Hyuuga-kun? ¿Hy… Hyuuga-kun? – preguntó con los ojos abiertos - ¿Por qué demonios te estás desnudando, baka? – Hyuuga se había quitado la camiseta y se encontraba sólo con un fino pantalón de chándal. Se tumbó en el suelo, al lado de Kiyoshi y, con el pulgar, señaló su espalda.
             - Yo también quiero, Riko.
           
         Kiyoshi sonrió. Se incorporó, haciendo que Riko se levantase de su espalda y se sentó con las piernas cruzadas, mirando a Hyuuga.
     
             - Yo ya estoy bien, Riko. Quizá Hyuuga tenga razón y deberías cuidar de él también. Es nuestro capitán, después de todo.
                
            Riko se quedó muda y sólo pudo asentir, despacio. Se movió con lentitud hasta sentarse de igual modo sobre la espalda baja de Hyuuga y llevó sus manos a sus hombros, comenzando a masajearlos.

             - Se siente bien, ¿verdad, Hyuuga? – dijo Kiyoshi con una sonrisa.

    Hyuuga sólo se limitó a hacer un ruido sordo con la garganta, como muestra de aprobación. Era cierto que las manos de la entrenadora servían para mucho más que para infligir golpes. Y lo estaba comprobando de primera mano. Las sentía bajar por su espalda, hacia su cintura y luego realizar el camino inverso, hasta encontrarse de nuevo en sus hombros. Eran delicadas y suaves, algo en lo que nunca había pensado. No era sólo lo que hacía con los dedos, destensando los músculos sobrecargados de su espalda lo que le estaba relajando. El tacto, su dócil tacto era como un bálsamo relajante allá por donde le rozaba. Estaba con los ojos cerrados y casi sumido en un suave sueño. Pero los abrió de golpe cuando escuchó a la entrenadora gemir. ¿Gemir? Los abrió despacio y se sorprendió cuando vio que Kiyoshi ya no estaba ahí, sentado a su lado. Giró la cabeza y lo encontró detrás de la entrenadora, que seguía con las manos en su espalda. El rostro de su compañero de equipo estaba sobre el cuello de la entrenadora, pero sin rozarlo, sólo suspiraba sobre él, como si con su tenue aliento fuera suficiente para acariciarlo. Y aquello era lo suficientemente erótico como para que, en lugar de montar en cólera, Hyuuga simplemente se quedase mirando la escena.

    Las manos de Kiyoshi aparecieron por delante de Riko, rodeando su cintura. Ella, echó la cabeza hacia atrás, como si se entregase a lo que su compañero le estaba haciendo. Sin embargo, en ningún momento sus manos abandonaron la espalda de Hyuuga, ni pararon de acariciarla. Kiyoshi subió las manos por los costados de Riko, tomando su camiseta y tirando de ella hacia arriba.

           - Siempre cuidas de nosotros, Riko… deja que seamos nosotros los que cuidemos de ti por una vez…
          
             La voz de Kiyoshi nunca había sonado tan ronca y grave como en aquel momento. Y hasta Hyuuga se había estremecido al escucharla. Con cuidado, se dio la vuelta bajo el cuerpo de Riko y se incorporó, quedando ella sentada sobre sus piernas. Su espalda estaba pegada al pecho de Kiyoshi y sus brazos rodearon el cuello de Hyuuga, atrayéndole aún más hacia ella. Las manos de ambos chicos se encontraron de camino al pecho de Riko. Hyuuga fue a apartarse, cohibido, pero Kiyoshi las tomó, enredando sus dedos por el dorso y conduciéndolas hacia su meta original. Riko ahogó un gemido al notar sus pechos masajeados por los dos chicos y, sin ser consciente del todo de lo que hacía, sus labios se hundieron en el cuello de su capitán, empezando a regarle de besos nada inocentes. Hyuuga movió las caderas, completamente excitado y quiso devolverle el gesto a su entrenadora. Pero no contaba con que Kiyoshi hubiera pensado en hacer lo mismo y, cuando se quiso dar cuenta, ambos se estaban comiendo a besos.
     

    Continuará…
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    Re: [+18] Masaje à trois.

    Mensaje por Invitado el Dom Nov 27, 2016 11:38 am

    ( ͡° ͜ʖ ͡°) No puedo esperar al próximo domingo para leer la continuación~~ 
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